¿Cómo se escribe una gran novela? Esto fue lo que mi alumna preguntó. Ella tenía entre sus manos un ejemplar de “Cien años de soledad”, de García Márquez. Sin duda ¡una gran novela! Quise decirle que le preguntara a un gran autor, pero luego pensé que mi experiencia de lector podía dar algún indicio.

¿Se necesita una gran historia para hacer una gran novela? ¡Definitivamente no! Grandes novelas cuentan historias comunes. ¿Entonces? Para escribir una gran novela no se necesita una gran historia, se necesita que el escritor haga de una historia simple ¡una gran historia!

Los que conocen los senderos de la literatura dicen que ya todo está dicho; es decir, no hay historias novedosas. Recordemos que todo viene de la tradición. Las historias de amor que se escriban en el futuro hablarán de lo mismo que han contado las grandes historias de amor que ya escribieron los autores del pasado.

Tal vez resulte algo bobo decir lo que diré: Para escribir una gran novela se necesita ¡un gran escritor!

¿Y cómo alguien se convierte en un gran escritor? Bueno (insisto), los que han estudiado el fenómeno dicen que es preciso, antes que cualquier otra cosa, que el escritor sea un gran lector, un lector apasionado. ¿Cómo ser un automovilista exitoso en los grandes circuitos del mundo si el piloto no conoce de autos, si no ama el automovilismo? Los grandes escritores son lectores apasionados.

Hay otra cosa que los estudiosos ponen de relevancia cuando hablan de los grandes escritores, son personas muy disciplinadas. No hay día de Dios que no escriban. ¡Eso de las musas es una gran mentira! Muchos justifican su inactividad aduciendo que esperan la llegada de la inspiración. La inspiración no llega, la inspiración es un hallazgo que se busca de manera permanente. Muchos repiten aquello que dijo Picasso: “Cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”. Es un chistorete Picassiano. Nadie puede imaginar que la inspiración llega de afuera, la inspiración es algo interior y se encuentra en el proceso creativo; es decir, quien, terco, necio, está dale y dale a todas horas ¡hallará el numen inspirador!, semilla de todos los grandes árboles. La idea que Picasso nos legó es que, en el proceso creativo, no hay más secreto que trabajar de manera intensa, disciplinada.

¿Qué más? Reconocer que los genios, tipo Miguel Ángel, no se dan cada muerte de un obispo, ¡no!, los genios se dan muy de vez en vez en la historia de la humanidad, por lo que los demás deben ser humildes y reconocer que echarán a perder muchos bloques de mármol hasta obtener una escultura que, más o menos, sea una pieza valiosa. (Esto, por favor, traducirla al lenguaje literario.)

Umberto Eco, en su libro “Cómo se hace una tesis”, dice que la tesis es como el cuch: “Todo se aprovecha”. Los grandes escritores saben que en su oficio sucede lo mismo: “Todo el conocimiento humano es aprovechable”. Por eso, si ya los grandes dijeron que la encomienda es hacer global lo local, todo escritor tiene que pepenar, amorosamente, cada piedra que encuentre a su paso. Los escritores barceloneses escriben sobre Barcelona; los parisinos cuentan las historias de París; los escritores comitecos deben escribir acerca de Comitán. Cada escritor comiteco debe tener la mirada de turista para que pueda apropiarse de la esencia de este pueblo.

Mi alumna me dijo que le leyera un poquito de “Cien años de Soledad” y me extendió la novela. Yo la tomé, la abrí, con emoción, y comencé a leer: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo…”. Mi alumna me miraba directamente a los ojos, tenía una mirada tierna, como si yo fuera quien, al leerlas, pronunciara esas palabras por vez primera. Este prodigio sucede siempre con las grandes novelas.

Gabo, en esta novela, escribió de un pueblo de su tierra nativa, de historias prodigiosas que le contó su abuela.

¿Cómo se escribe una gran novela? Es muy sencillo: Basta hacer de cualquier historia ¡una gran historia!

Compartir
Artículo anteriorCARTA A MARIANA, DONDE SE CUENTA CÓMO RICARDO QUE CRECE TORCIDO, YA NUNCA SU ARJONA ENDEREZA
Artículo siguienteFELICIDAD SIN REMIENDOS
Nació en 1957, en Comitán, Chiapas. Hijo de Augusto Molinari Bermúdez y de Hilda Torres Córdova. Estudió la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, en la Universidad Autónoma de Chiapas.Premio Estatal de Cuento Ulises Mandujano “Che Garufas”. Mención Honorífica del Premio Sureste de Poesía “José Gorostiza” y del Premio Estatal de Poesía “Enoch Cancino Casahonda”. Diplomado en Acción y Desarrollo Cultural, por el Museo de San Carlos, de la ciudad de México. Es autor de diversos libros de cuentos y novelas breves, entre ellas: Dios también resuelve crucigramas; Yo también me llamo Vincent; Historia triste de un cuentahistorias y La tarde que conocí el cine. Escribe la columna periodística Arenilla. Actualmente es director de Difusión y Extensión Universitaria de la Universidad Mariano Nicolás Ruiz Suasnávar.

Dejar respuesta